Se nos está yendo de las manos las “pantallas”.

By | 1 septiembre, 2021

Que las nuevas tecnologías han supuesto una auténtica revolución y que han cambiado la forma en la que trabajamos, estudiamos o nos relacionamos, es un hecho incontestable. Previo a la CoVID, la comunidad científica ya nos mostrábamos preocupados por el impacto que un uso descontrolado de las TICs podía ocasionar en las generaciones mas vulnerables. Principalmente, en aquellas cuyo cerebro está en plena transformación, desarrollando y optimizando aquello que utiliza y le es útil, pero también, ahorrándose aquellas habilidades que no le aporten un valor claro o caen en desuso. Esto no solo afecta a los más pequeños, ¿cuándo fue la última vez que nos aprendimos un número de teléfono?, o la última vez en que nos esforzamos para orientarnos en un nuevo entorno, sin recurrir a un mapa interactivo en nuestro móvil.

Los teléfonos cada vez son mas inteligentes, ¿y nosotros? Nuevas Apps que nos hacen la vida más cómoda y sencilla, pero por las que llegamos a pagar un peaje cognitivo, especialmente relevante en los más jóvenes.

En la naturaleza todo lo que se utiliza, se desarrolla y potencia, mientras que lo que no se trabaja, progresivamente se pierde. Sin duda las pantallas nos han puesto en nuestra palma de la mano un sinfín de recursos fáciles e inmediatamente accesibles. Pero debemos aprender a hacer un uso racional de los mismos, un uso que sume, pero que no reste. Por nosotros y por los que nos están mirando desde el otro lado del sofá, nuestros hijos, que han nacido con una pantalla bajo el brazo, y que creen que lo natural es consultar en internet y relacionarse mediante su red social favorita.

Antes de la pandemia un 21,7% de los adolescentes ya mostraban un patrón de abuso de las TICs. Luego llegaron los 100 días de confinamiento encerrados en casa, donde dimos rienda suelta al uso de las pantallas como la única vía de conexión con el exterior. Nunca volvimos a la ansiada normalidad y el protagonismo de las TICs ha sido incontestable. Algunos estudios preliminares sobre el impacto de la pandemia en los patrones de uso de las nuevas tecnologías en la era COVID son inquietantes. Debemos abogar y predicar con el ejemplo, de un uso racional de las pantallas. Para ello, el verano se dibuja como un tiempo fantástico para salir, respirar y mirarnos a los ojos, con la debida distancia de seguridad. Un tiempo de desconexión digital, de retomar la calma y volver a cuidar lo importante, un tiempo de campo y playa, deporte y descanso, de familia y amigos.

 

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