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Espacio de reflexión crítica, sobre la salud y la mente y también sobre la salud mental, en todo su espacio, impacto e influencia.

Se nos está yendo de las manos las “pantallas”.

Que las nuevas tecnologías han supuesto una auténtica revolución y que han cambiado la forma en la que trabajamos, estudiamos o nos relacionamos, es un hecho incontestable. Previo a la CoVID, la comunidad científica ya nos mostrábamos preocupados por el impacto que un uso descontrolado de las TICs podía ocasionar en las generaciones mas vulnerables. Principalmente, en aquellas cuyo cerebro está en plena transformación, desarrollando y optimizando aquello que utiliza y le es útil, pero también, ahorrándose aquellas habilidades que no le aporten un valor claro o caen en desuso. Esto no solo afecta a los más pequeños, ¿cuándo fue la última vez que nos aprendimos un número de teléfono?, o la última vez en que nos esforzamos para orientarnos en un nuevo entorno, sin recurrir a un mapa interactivo en nuestro móvil.

Los teléfonos cada vez son mas inteligentes, ¿y nosotros? Nuevas Apps que nos hacen la vida más cómoda y sencilla, pero por las que llegamos a pagar un peaje cognitivo, especialmente relevante en los más jóvenes.

En la naturaleza todo lo que se utiliza, se desarrolla y potencia, mientras que lo que no se trabaja, progresivamente se pierde. Sin duda las pantallas nos han puesto en nuestra palma de la mano un sinfín de recursos fáciles e inmediatamente accesibles. Pero debemos aprender a hacer un uso racional de los mismos, un uso que sume, pero que no reste. Por nosotros y por los que nos están mirando desde el otro lado del sofá, nuestros hijos, que han nacido con una pantalla bajo el brazo, y que creen que lo natural es consultar en internet y relacionarse mediante su red social favorita.

Antes de la pandemia un 21,7% de los adolescentes ya mostraban un patrón de abuso de las TICs. Luego llegaron los 100 días de confinamiento encerrados en casa, donde dimos rienda suelta al uso de las pantallas como la única vía de conexión con el exterior. Nunca volvimos a la ansiada normalidad y el protagonismo de las TICs ha sido incontestable. Algunos estudios preliminares sobre el impacto de la pandemia en los patrones de uso de las nuevas tecnologías en la era COVID son inquietantes. Debemos abogar y predicar con el ejemplo, de un uso racional de las pantallas. Para ello, el verano se dibuja como un tiempo fantástico para salir, respirar y mirarnos a los ojos, con la debida distancia de seguridad. Un tiempo de desconexión digital, de retomar la calma y volver a cuidar lo importante, un tiempo de campo y playa, deporte y descanso, de familia y amigos.

 

Si quieres leer mas,

https://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-mundial-redes-sociales-si-hijo-primaria-tuviste-revisar-tablas-multiplicar-ahora-adolescente-toca-entrar-tiktok-202106300115_noticia.html

Humanicemos la Navidad.

Sin duda encaramos unas Navidades diferentes, pero no por eso tendríamos porque renunciar a ellas. Claro que estas Navidades van a ser especiales. Primero, porque para más de 50.000 familias no van a poder sentar a su mesa a ese ser querido, que han perdido durante la pandemia, reabriendo la herida no cerrada del duelo. Para el resto, también van a ser diferentes, ya que seguimos en una situación de alerta de salud pública y por tanto obligados a continuar con las medidas sanitarias.

Dicho esto, no hay porque resignarse a perder también las Navidades. Partamos de la aceptación de la realidad que tenemos por delante, eso nos permitirá encontrar una celebración plena, distinta pero satisfactoria. Sin abandonar el verdadero significado de la Navidad, manteniendo la ilusión y el espíritu navideño. Tendremos que transformar la Navidad en un proceso más intimo, desde luego sin reuniones multitudinarias, pero celebraciones, al fin y al cabo. Vamos a tratar de anticiparnos y de prepararnos para lo peor, aunque esperemos lo mejor. Esta estrategia nos ayudará a gestionar nuestras ya maltrechas emociones.

Desde el mes de marzo se están haciendo muchas renuncias, que no siempre se observan en los que deberían predicar con el ejemplo. Aún así, nuestra sociedad esta dando una gran lección de civismo. A lo mejor, llegando la Navidad, es momento de pedir. De pedir medidas que permitan un margen de recuperar una cierta normalidad. Desde luego no es una buena idea lanzarnos a las calles como se hizo en verano, pero quizás si pedir un poco de racionalidad y de emocionalidad, pensando sobretodo en esos mayores que están viendo como tras meses de soledad, se acercan a unas Navidades solitarias y también en los más pequeños, que tras meses de confinamientos y grupos burbuja, ansían la Navidad como esa bocanada de aire fresco, tras meses de asfixia emocional.

Quizás algunas reflexiones puedan ayudar a tomar las mejores decisiones, ¿Por qué no en lugar de restringir las reuniones familiares, no se facilita un acceso más ágil a pruebas diagnosticas que permitan reuniones más seguras?. Se propone un límite de 6, ¿por qué no a 5 o a 7?. Seguro que las mentes pensantes han llegado a esa cifra tras sesudas reflexiones y calculo del riesgo de contagio en función de la incidencia. Es por ello, que a algunos nos sorprende que no se pueda hacer un ajuste por zonas e incidencias. ¿de verdad se tiene el mismo riesgo si mi municipio tiene una incidencia de menos de 200 casos que si tiene más de 1000 casos/100.000 habitantes?. Quizás sea un buen momento para dejar el café para todos, y pensar en las necesidades de las personas. De verdad nos va a parecer bien que una viuda que ha perdido a su marido en abril en la primera ola de la COVID, pase sola la Nochebuena. Solo nos quedaría apelar a la humanidad de nuestros dirigentes, ya que existe otro equilibrio, que salvaguarde la salud física y la emocional. Es más complejo, si, pero exigible a quienes nos llevan pidiendo renuncia tras renuncia sin un horizonte medianamente claro.

Feliz Navidad.

Las soluciones están, pero hay que buscarlas.

Tenemos que asumir que la COVID-19 ha aflorado nuestras “vergüenzas” y la emergencia sanitaria, nos está llevando a una situación de crisis sin precedentes. El primer pico de la pandemia (marzo-abril), sorprendió al sistema sanitario sin los recursos necesarios (ni si quiera mascarillas). Muchos pensamos que difícilmente se pudiera haber hecho mejor con la información y recursos disponibles en ese momento, pero ¿dónde estaba el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias?, cuya función es esa, la de alertar y prevenir. Ya a finales de febrero, empezaron a verse cuadros respiratorios atípicos en muchos servicios de Urgencias. Algo estaba pasando, pero alguien decidió que no nos preocupáramos y por tanto no nos preparáramos, ya que España “tendría a lo sumo unos pocos casos aislados”. Según cifras oficiales a noviembre de 2020, 1,4 millones de personas contagiadas y mas de 40.000 personas fallecidas.

La cuestión es que llegó marzo, con un auténtico tsunami de enfermos que desbordó la capacidad de contención de nuestro sistema sanitario. Con los recursos disponibles, lo que se hizo podría considerarse un milagro. “Lo hicimos porque no sabíamos que era imposible”. Si nos llegan a decir en enero de 2020, lo que se iba a hacer solo unos meses después, en marzo-abril, hubiéramos dicho que era imposible, pero se hizo. Eso sí, con un coste muy alto, con una cifra de fallecidos, que sonrojaría a cualquier persona decente. No obstante, reitero que era difícil haberlo hecho mejor, con esos mimbres.

Tras un confinamiento largo y duro, probablemente excesivo en su duración, llegamos al verano y, convenientemente azuzados, salimos de nuestras casas acompañados por un falaz mensaje de superación de la crisis. Meses de calma en la tormenta, fatalmente desperdiciados. Un tiempo que debiera haber valido para trazar un plan estratégico sobre los escenarios probables y posibles que nos esperaban en otoño. ¿Alguien de verdad se creía que esto había terminado?, ¿qué no íbamos a tener repuntes o segundas (o terceras…) olas?. ¿Dónde están los expertos que han analizado los riesgos y posibilidades?.

La situación es compleja y todos los países civilizados del mundo han conformado un grupo de expertos con cara, ojos y curriculum, que sean capaces de analizar la situación, valorar opciones y plantear recomendaciones. Pero sobretodo, que ofrezcan un mensaje de confianza a la población, que sobreinformada en sus casas, ve como las gráficas de contagios se disparan, y aunque comienza a hablar de tasas de incidencia acumulada a 14 días como si de expertos epidemiólogos se tratara, perciben un futuro incierto. A la situación sanitaria se le está sumando la situación económica, multiplicando el impacto sobre la salud mental.

La presencia de ansiedad, apatía, tristeza, desesperanza, … que empieza a verse en la población, es francamente preocupante. “La gente está tan mal, que ni es capaz de pedir ayuda”, me compartía un colega hace unos días. Asumen el agotamiento mental, como la consecuencia natural de lo que está ocurriendo, sin darse cuenta de que eso lastra su capacidad de reacción y adaptación. Que ahora no es que sea necesaria, es que es imprescindible para afrontar lo que tenemos por delante.

Lo importante en la vida es ser capaz de aprender de los errores, y esta lección no estamos siendo capaces de aprenderla, a pesar de la dureza de las clases. El español tropieza una y otra vez con la misma piedra. Quizás no sea culpa del individuo, pero si de la sociedad. Quienes, aborregados, aceptan la situación, anulando cualquier atisbo de crítica y encaminando sus esfuerzos reflexivos hacia la justificación, que trata de apaciguar la ansiedad que se ha despertado ante la percepción de alarma y nos movilizaría hacia la acción.

¿Preparados para un nuevo confinamiento?

Pasan las semanas desde el inicio de la pandemia por la COVID y la situación sigue compleja. A pesar de haber pasado uno de los confinamientos más largos de Europa en primavera, con el consiguiente impacto en la población, de nuevo se habla de la posibilidad de otro nuevo confinamiento.

La gente no esta emocionalmente preparada para un nuevo confinamiento. Aún no han tenido la oportunidad de reponerse del anterior y ya se habla de nuevos confinamientos, pero sin una hoja de ruta medianamente clara, el desgaste psicológico puede ser importante. Más allá del impacto emocional del propio confinamiento, pensemos que una de las emociones que mas le cuesta gestionar al ser humano, es la incertidumbre, y desde marzo, la población esta viviendo en una constante duda e indecisión. Toda crisis necesita de líderes confiables que marquen el camino. En estos momentos, la necesidad esta en un mensaje claro, por complejo que este pueda ser. Cuando esto se produce, las personas tienen la oportunidad de prepararse y afrontar la situación. Mientras que al carecer de esta información la ansiedad se dispara. Durante los primeros momentos, esa ansiedad puede llegar a ser motivadora y empujarnos a la acción, recordemos los balcones de marzo y abril. Pero esa ansiedad e incertidumbre mantenida, da paso a otras emociones, como la rabia, la frustración o la tristeza. La gente debería prepararse para lo peor, aunque esperen lo mejor. Emocionalmente tiene mucho menos impacto, esperar un confinamiento que luego no sea, a esperar poder visitar a mis familiares la próxima semana, y en lugar de eso, encontrarme confinado en casa. Y por ultimo, pero no por ello menos importante, debemos cuidar a los mas pequeños, de hecho, el volver a confinar los centros educativos, debería ser una medida cuidadosamente evaluada y sopesados los riesgos emocionales que podría acarrear.

Si quieres leer mas:  https://www.larazon.es/sociedad/20201107/i3xf67lpmze4tpa5bi74oqwfiu.html

Cuando todo es importante, nada es importante.

La salud es lo primero no hay ninguna duda, o dicho de otra forma, sin salud el resto de las cosas carecen de relevancia. Ha sido un tiempo muy duro y eso los profesionales de la salud lo sabemos bien, pero ha llegado el tiempo de entender que en salud no todo es COVID19 y mucho menos, la vida queda reducida al COVID19. Algunos nos preguntamos ¿qué ha pasado con el resto de las dolencias?, ¿y con las patologías crónicas? y ¿con los trastornos mentales?.

Escuchamos las preocupaciones por los posibles repuntes de SARS-CoV2, que se esgrimen como la razón para prolongar el confinamiento. Con una mejoría en las cifras oficiales de la pandemia, cambiamos de fase, pero para nada cambie. La sociedad se muestra agotada de tanto cortoplacismo, de decisiones cambiantes, de los bandazos sin sentido aparente. Tras más de 2 meses, parece que las mascarillas van a ser importantes, y de los test, ¿qué se sabe?. Según el estudio de seroprevalencia solo el 5% de la población ha desarrollado inmunidad frente al COVID, una cifra insuficiente para conseguir la inmunidad de grupo.

Ante la ausencia de un plan claro, de una hoja de ruta o de una visión estratégica, ¿alguien sabe cómo vamos superar esto?, con la ciencia, ¿verdad?. Las ventajas del método científico es que es objetivo, lógico, sistemático y riguroso. De lo que deduce que necesitaríamos indicadores objetivos, no solo el número de fallecidos del día, que por cierto refleja el estado de la epidemia de hace unas semanas, no de cómo estamos hoy. Pero no es esto lo más preocupante de las miles de vidas perdidas, sino de la deshumanización de las mismas, pasando de puntillas por encima de miles de dramas, para celebrar de que solo sean un centenar al día, trasformando las vidas perdidas en una cifra.

Hay una ausencia de una debida reflexión sobre las consecuencias en el medio plazo de las medidas planteadas, y no solo pensemos en la economía, que también, sino en la salud en general y en la salud mental en particular. Deberíamos reflexionar sobre lo que vamos a tener que afrontar como sociedad en los próximos meses. Pasamos de negar la mayor a primeros de marzo, a ser los mayores “confinadores” a finales de mayo. Treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta,… días confinados. Suma y sigue… ¿hasta cuando? y ¿para qué?, para garantizar la salud, ¿de verdad es la única forma de protegernos?.abrazo de Juan Genoves

La situación actual de la pandemia y las proyecciones, nos permiten ser optimistas, en realidad como hace unas semanas. Un significativa reducción de nuevos contagios. La selección natural del virus, hace que las cepas que más se han propagado, hayan sido las menos agresivas. La climatología que viene que se antoja desfavorable para la propagación del virus. Un sistema sanitario repuesto tras la primera embestida. ¿No sería mas sensato poder flexibilizar el confinamiento en estos días?, o quizás preferimos hacerlo para el final del verano, o mejor en otoño, cuando se entremezcle un posible repunte de la COVID, con la gripe y el resto de los virus respiratorios estacionales. Multiplicando los casos de infecciones respiratorias, pero sobre los miedos de la población.

Las personas necesitan una mínima certidumbre para poder prepararse para el futuro, de un marco estable sobre el que tejer sus proyectos, y de un horizonte para poder soñar. En lugar de esto, ¿qué es lo que recibimos?. Se imaginan salir a correr con la idea de hacer 5 kilómetros, y que en el 4ºKm le digan que corra otros 5km más, para luego en el 8º, le digan que van a por 15Km, para que en el km 12, le adviertan que ahora son 20km… ¿le suena?. Pues bien, es justo lo contario a lo que recomiendan los expertos, que sugieren hacer los confinamientos lo más cortos posible y con la mayor trasparencia sobre los tiempos. No olvidemos, que la emoción que peor gestiona el ser humano, es la incertidumbre y para hacerla frente necesitamos un plan y ser flexibles.

Sigamos dando rienda suelta a nuestra imaginación. Se imaginan qué hubiera pasado si en lugar de invertir tantos recursos en marketing político, se hubiera hecho en educación para la salud.

La sociedad una vez más ha dado una gran lección  a sus dirigentes. Ha intentado ordenarse y ayudarse, con miles de propuestas espontaneas, tanto para mayores, como para los pequeños, para tratar de sobrellevar el confinamiento de la mejor manera posible. (“Que buen vasallo, si tuviese un buen señor”; Cantar de Mío Cid s.XIII).

Pero la resilencia se agota y la percepción de las desigualdades ahonda en la desesperanza. Necesitamos una sociedad fuerte, sobretodo mentalmente fuerte, para poder emprender el reto de la reconstrucción tras esta crisis. Tenemos que ser capaces de anteponer el nosotros, al yo, mi, me conmigo, y al “que hay de lo mío”. Necesitamos lideres que sirvan de ejemplo y en los que se pueda confiar. Vienen tiempos complejos.

¡Quitarnos el sayo!

Sayo, un término en cierto desuso, a la par que apropiado en estos momentos. Dícese según la RAE, de prenda de vestir holgada y sin botones que cubría el cuerpo hasta la rodilla, tan similar a los equipos de protección individual, mas conocidos por sus siglas EPI, que tanto se necesitan en los hospitales estos días, para combatir la crisis del COVID-19.

La esperanza la debemos depositar en la oportunidad que representa, y que como toda crisis, sea en el fondo, una oportunidad de mejora y nos sirva para poner en relieve algunos principios y valores, que como los sayos, estaban cayendo en un cierto desuso, pero no han desaparecido. Muchos de ellos los vemos cada día en los ojos cansados y escondidos tras las mascarillas de autoprotección, de los profesionales sanitarios o los escuchamos tronar cada tarda a las ocho en punto. No es la primera vez que una crisis nos une, hasta que alguien decide resquebrajar esa unión.

Pero claro, algunos parece que están aprovechando la situación para “hacer de su capa un sayo”, y tratan de sacar un rédito espurio, a pesar de lo dramático de la situación. Sonroja ver las actitudes, pero sobretodo las aptitudes, de los que deberían estar al mando del barco en la tormenta, que desde luego no están ni de lejos, a la altura de la sociedad que capitanean.

A quien le quepa el sayo, que se lo ponga”, y en lugar de esparcir responsabilidades, elaborar excusas, crear narrativas o lanzar soflamas cargadas de mensajes vacíos de contenido, se pase de una vez a la acción, una acción absolutamente necesaria para salvar vidas, para que no colapse el sistema sanitario, para que esta pesadilla pase lo antes posible, y retronemos a ese estado previo, que llamábamos normalidad, aunque nada volverá a ser igual.

Muchos hoy se quejan de las medidas tomadas, y no creo que ahí este el problema, sino en los tiempos. Viendo lo que estaba pasando en Italia y antes en China, pero sobretodo las medidas que se estaban tomando en el país trasalpino y la evolución de la pandemia, ¿por qué no se actuó antes?, da la sensación que vamos tarde en todo y lo peor, es que seguimos yendo a remolque de la situación ¡Qué sayez!. Ahora que parece verse un atisbo de luz al final del túnel. ¿Cómo vamos a organizar el desconfinamiento?, ¿a que debemos esperar?, ¿cuándo podríamos hacerlo?. Eso abre la espita de la reflexión económica de todo esto.

Ya se puede vislumbrar algo de luz en el horizonte, al menos a juzgar por las cifras y la situación de los hospitales, lo peor esta parece que esta pasando. Ilusión o alucinación, pero la vemos. Entre todos y no gracias a algunos, seremos capaces de salir de esta crisis, no sin pérdidas sensibles y heridas profundas, pero saldremos de nuevo a los parques con nuestros hijos, volveremos a abrazar a nuestros padres y quedaremos a tomar un café con nuestros amigos. Llegará el 40 de mayo y nos quitaremos el sayo y a lo mejor nos tenemos que quitar alguna otra cosa más.

¿Cómo sobrevivir a la manipulación en estos tiempos?

Si te inquieta que la línea entre la información y la opinión este cada vez mas desdibujada, que la verdad sea algo cada vez mas “relativo” o que las fake news sean la versión moderna de la propaganda y de la desinformación más propia de la primera mitad del siglo XX, es posible que en estas reflexiones, encuentres alguna ayuda para sobrellevar estas semanas de bombardeo político y tormentas electorales.

Estamos en un mundo que se comunica en 280 caracteres y a veces incluso eso ya es demasiado largo, donde parece que crece la importancia de “miente que algo queda” o como definía uno de los pioneros de la propaganda, Joseph Goebbels, “una mentira mil veces repetida, se transforma en una verdad”. O sino que se lo digan al Sr. Tezanos y su CIS.

Pero don´t panic la neurociencia nos ayuda a comprender como nos manipulan o al menos lo intentan. Vamos a partir de 2 ideas claves. Por un lado comprender que nuestro cerebro, no es tan racional como pretendemos, de hecho es lo emocional lo que tiene mas peso y marca una buena parte de nuestra toma de decisiones. Esta es la esencia de la publicidad. Un ejemplo, ¿recuerdas donde estabas la mañana del 12 de junio de 2018?. Ahora mismo estas tratado de generar, que no recuperar, un recuerdo, que si era un martes, pues estaría en el trabajo, pero en realidad no te acuerdas salvo que algo emocional hubiera hecho de ese día uno especial. Y si preguntamos donde estabas el 11 de marzo de 2004, (el 11-M). A pesar de ser 15 años antes, tu recuerdo es mucho mas nítido. Y eso es porque las emociones fijan nuestros recuerdos, o dicho de otra manera, no nos acordamos de lo que queremos, sino de aquello que deja una huella emocional, activa nuestra amígdala y condicionan nuestras decisiones y esto lo saben bien los vendedores de coches usados y algunos políticos.

La otra cuestión importante, es que a nuestro cerebro no le gusta quedar como “tonto”. Por eso nos crea la fantasía del conocimiento, un mecanismo por el cual nos apropiamos de la idea mayoritaria, la asumimos como propia, cuando en realidad no teníamos una clara opinión al respecto. Ese fenómeno de sintonía social, ha sido y es muy importante para el desarrollo de la humanidad, aunque quizás ahora lo utilizan con otros fines.

Pues bien, con esas 2 premisas, ahora las 3 claves para detectar cuando nos quieren manipular. Estás son las señales de alerta a detectar en sus discursos:

– “Todo el mundo lo sabe” conocedores de que nuestro cerebro no nos va a dejar como “el único que no lo sabía”, aunque en realidad no lo teníamos claro. Cuando escuches a un político decir eso de que “todo el mundo lo sabe”, “que la mayoría”, “que todo el pueblo”… incluso a veces en aras de la sofisticación le ponen porcentajes, dibujan encuestas, por supuesto siempre mayoritarios hacia sus ideas,… nos están vendiendo una moto. Están evitando darte la información para que tu lo valores, lo evalúes y tomes tu decisión.

– Los grandes valores son siempre un recurso ganador, ¿Quién no esta a favor de erradicar la pobreza infantil o de la Paz universal?. Pues bien cuando inculcan estos grandes valores, en realidad lo que pretenden es generar una primera sintonía para suavizar tu posición y así que otras ideas, principios o valores, con los que a lo mejor no vas a estar tan de acuerdo, entren de manera mas suave. Una fachada, que pretende ocultar algo. Esto fenómeno fluye en las 2 direcciones, es decir que hacia la sintonía o al antipatía. Es decir, si un político consigue vincularse con algún valor universal, generará una emoción positiva, que hará que valoremos de manera más benévola el resto de sus ideas. O si consigue que vinculemos a su adversario con algo negativo, pasará lo contrario, tenderemos a tratar con prejuicio lo que venga de su lado.

– Señalar un culpable para tus problemas, y por supuesto etéreo. Eso relaja mucho a nuestro cerebro, saber que alguien es responsable de mis dificultades y no es que yo no lo este haciendo suficientemente bien. Me relaja si, pero también anula mi capacidad de superación y de intento de buscar una solución por mi mismo, quedando a la merced de que un tercero me arregle el problema, casualmente del político de turno, y muchas veces con la subvención de marras. Seguro que te suena eso del “imperialismo yanqui” en voz de lideres centroamericanos, o lo de la casta, en versiones más cercanas. Lo importante es poner la causa fuera y por supuesto sin capacidad de pedir explicaciones a alguien en concreto.

Pues bien, esperemos que después de leer esto escuches de otra forma lo que nos dicen nuestros políticos y sobretodo como lo dicen, ya que cuando no tiene mucho que decir, lo suelen decir gritando. Pienso luego existo.

Sobredosis de realidad

Erase una vez, un pueblo con mar que creció y encontró en el visitante, ergo turista, lo que parecía una fuente inagotable de riqueza. Tal fue así, que la primera década del nuevo milenio se vivió un crecimiento fulgurante, parecía que el verano iba a durar para siempre.

Como en tantos otros sitios, el crecimiento fue tanto y tan rápido que no supieron gestionar tanta riqueza y lejos de pensar en el inverno cual hormiguita, actuaron como la cigarra y se endeudaron baja la falsa promesa de un crecimiento eterno. Compramos hoy, porque mañana esto valdrá el doble. Lo que parecía el milagro de los panes y los peces, en versión ladrillos y piscinas.

Pues bien, un buen día, la maquina de producir dinero se paró, dejando endeudados a muchos y otros muchos simplemente arruinados. Lo que estaba claro es que se terminaba la fiesta y esos últimos ladrillos quedarían sin enfoscar y esas piscinas, en realidad simples serían agujeros en el suelo sin mas agua que la de las lluvias. Ese pueblo con mar debía reinventarse o volver a sus orígenes, en cualquier caso buscar un modelo sostenible, diferente y basado en los aprendizajes del pasado. Lo que ayer valía dos, hoy solo valía uno y con el tiempo el valor de las cosas, pendería de un delicado y frágil hilo.

Como toda tormenta, no es mas que la antesala de la calma y la crisis paso, dando lugar a una nueva etapa de bonanza. No todo comercio, restaurante, inmobiliaria o negocio sobrevivió, pero parecía que los que lo habían conseguido hubieran aprendido una lección dolorosa, aprendida como entraba la letra a la antigua usanza y haciendo bueno el mensaje de cualquier galletita de la suerte de restaurante chino de barrio, “toda crisis es una oportunidad de aprendizaje”.

Con los primeros rayos de sol tras la tormenta, se comenzó a soñar que otro modelo era posible. Parecía sencillo, tan solo había aprender de los errores, pero liderado por unos políticos insustanciales y alimentado por la avaricia del ser humano, en ese pueblo con mar, todo volvía a crecer y crecer, “parecía que volvía la fiesta”, todo cambiaba, aunque para seguir igual. Y Vive Dios que muchos se lo creyeron, y rápidamente olvidaron las lecciones de antaño, si algún día las aprendieron, los errores cometidos y lo costoso que ha sido volver a tener “agua caliente”, y pensaron que lo mejor era hacer caldo con la gallina de los huevos de oro. Que caldo mas delicioso se están comiendo, sin darse cuenta que mañana volverán a estar los restaurantes vacíos, las hoteles sin ocupantes y las tiendas con el cartel de cierra por liquidación.

¿No hemos aprendido nada?. No se debe gastar mas de lo que se tiene, incurrir en dispendios sin sentido, ni sobretodo, pensar que el otro es tonto, aunque muchas veces lo parezca a juzgar por sus actos. Al comienzo de la crisis de 2008, un taxista me dijo “aquí nadie va a ver la crisis hasta que le toquen su bolsillo”. Pues bien, sumamos la miopía, a la incapacidad del español para aprender de sus errores, no se si es un trastorno del aprendizaje o un problema de memoria, en cualquier caso al final tendremos una sobredosis de realidad. Ojo, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Everything is in your mind.

Parece un título de canción de rock, Iron Maiden tiene una canción con esta lírica, incluso Maria Carey, con un estilo musical muy diferente, juega también con este concepto. Pues bien, no pretendo escribir la letra de una canción, pero si al menos que esto te suene bien.

Hablamos del estrés, ese motor que nos lleva por la vida cumpliendo con nuestras obligaciones y “llegando a tiempo a los sitios”. El problema está cuando en ocasiones “se pasa de vueltas”, nos sentimos acelerados, nos sentimos incapaces de resolver todo lo que tenemos pendiente y los pensamientos se agolpan en nuestra cabeza.

La primera duda, sería, ¿eso por qué ocurre? La respuesta rápida, sencilla y parcialmente equivocada es que hay momentos en la vida, en que se juntan demasiadas cosas y diciembre suele ser un mes de esos. Queremos cerrar el año, como si en enero no hubiera vida. Muchas veces las presiones nos llegan de fuera, en forma de cumplir con las necesidades del resto del mundo que quiere dejar todo “ordenadito” de cara a cerrar el año, se acumulan las fechas límites y las presiones en general. También suele ser una época intensa en la parte familiar, cuando tenemos que organizar las reuniones familiares de la Navidad, la compra de los regalos, etc.

Pues bien, todo está en nuestra cabeza, en la valoración que hacemos de los que nos ocurre. Las circunstancias no son estresantes, lo son cuando nos parecen estresantes. No es menos cierto, que muchas de esas situaciones, ligadas a aumento de exigencias, falta de información o fechas límites, serían estresantes per se. Pero el problema realmente importante ocurre, cuando pasamos cierto umbral personal de estrés, esa aceleración hará que a partir de ahí, todo o casi todo lo que ocurra con posterioridad, lo vamos a tender a reconocer como estresante, sobredimensionando nuestra respuesta. Le vamos a dar un valor emocional desproporcionado y generalizaremos nuestra respuestas, “todo nos va a agobiar”.

El secreto se sitúa en parar y pensar, mas necesario cuanto mas estresados nos sintamos. Planifícate, hay tiempo para todo, y sino lo hay, descarta lo que no sea importante, ni urgente. Cuídate, si lo hacías antes, sigue haciéndolo, y sino lo hacías, pues ¿a qué estas esperando?. Busca y blinda tus momentos, para poder desconectar y pon tu mente a pensar en otras cosas, preferentemente relajantes. Sintoniza con las sensaciones de tu cuerpo, nos va a avisar cuando estemos acelerados, hazle caso a esas señales, son útiles y necesarias. Y por último, recuerda que lo importante es el valor que le damos a las cosas, no las cosas en si mismas…“Todo esta en tu cabeza”.

¿Es posible divorciarse bien cuando se tiene hijos?

Cada vez son las parejas que deciden terminar su relación y se divorcian. Nunca es un proceso sencillo, pero desde luego cuando hay hijos de la pareja, la situación es especialmente complicada. La consulta con un abogado para que recibir asesoramiento legal es un habitual, pero cada vez son más las madres y los padres los que piden ayuda a un psiquiatra o psicólogo para separarse/divorciarse, y hacerlo de la mejor manera posible pensado en sus hijos. Recabamos la opinión de un experto en Psiquiatría, el doctor Javier Quintero, Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Leonor, profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense y director de Psikids(Centro de Psicología y Psiquiatría del Niño, Adolescente y sus familias), en Madrid y en Pozuelo.

—¿Cuándo os suelen consultar en las separaciones o divorcios, en qué momento del proceso?

—En estos procesos durante muchos años las familias nos han consultado o pedido ayuda cuando la situación se ponía tremendamente complicada, la tensión entre los miembros de la pareja o expareja se hacía insostenible, y esto salpicaba a los hijos. Digamos que éramos el último recurso, cuando todo lo anterior no había funcionado. Ahora, esto está cambiando y son muchos los progenitores que acuden juntos a plantearnos que se van a separar o que se están divorciando, y cómo lo pueden hacer para minimizar el impacto de su decisión en sus hijos.

—¿Qué es lo primero que les preguntan?

—Nos preguntan de todo. Una pregunta recurrente sería ¿cuál es la mejor edad de los hijos para que se separen sus padres?, y la verdad es que no hay ninguna buena, depende de tantas cosas, que les recomendamos que ese no sea un factor definitorio. En términos generales, cuanto más mayores sean los hijos mejor, pero no olvidemos que las necesidades de hijos adolescentes de sus figuras parentales también serán importante.

—¿Cuál podría ser su primer consejo para una pareja que está pensando en separarse?

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http://www.abc.es/familia/parejas/abci-divorcios-muchas-personas-patada-expareja-trasero-hijo-201710250203_noticia.html