El músculo de la Tolerancia

By | 23 julio, 2017

En el simple devenir de un día cualquiera se ha de afrontar la realidad de que las cosas no son siempre como, cuando y donde queremos. Es una realidad contundente, para la que, al parecer, no todo el mundo estar preparado y, es por eso, que se hace especialmente necesario ejercitar “el músculo de la tolerancia”.

Tolerancia a la frustración, tolerancia a las costumbres del otro, tolerancia al que piensa diferente… en definitiva, una combinación de secuencias amplia, extensa a veces incluso ambigua, sin límites definidos.

A pesar de la frecuencia de uso en la conversaciones del termino “tolerancia”, lo que sí parece una constante es la dificultad de nuestra sociedad, y particularmente de los más jóvenes, en ejercitar y conjugar el verbo tolerar, no solo en la segunda y tercera persona, si no en la primera persona tanto del singular, es decir yo tolero, como del plural, nosotros toleramos.

Según la RAE tolerancia es el “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.

Es llamativo como se aprecian fenómenos sociales que pretenden abanderar el fenómeno de la tolerancia, cuando en realidad se plantean como una intransigencia al pensar distinto. No es menos cierto que el ser humano tolera con dificultad las diferencia, solo tenemos que revisar la historia de la humanidad, aunque paradójicamente, esto es lo que nos hace especiales, la diferencia suma y nos enriquece. Deberíamos ser iguales en la diferencia, aunque se trate de un eslogan, si lo pensamos con cautela lleva implícito la esencia de la tolerancia.

Para muestra un botón, en tan solo un día esto me sucedió en una tienda de fruta donde la gente de manera ordenada adquiere su ticket de turno y espera pacientemente a que su número aparezca en la pantalla. En esto aparecen dos señoritas de veintitantos años, quienes al parecer, no se percataron de la necesidad de coger el número de turno. De manera bastante escandalosa intervienen e interrumpen en varias ocasiones, preguntando sobre cuál es la mejor mercancía o cual es la fruta que esté más sabrosa. Cuando llega el momento, de lo que ellas suponen es su turno, se dan cuenta de que no han cogido el conveniente ticket de orden, a lo cual responden de manera airada, frustrada, responsabilizando a los demás de su error y con ninguna tolerancia a las normas, tras varios exabruptos, abandonan la tienda sin compra y con ostensible expresión de malestar. Horas más tarde, la escena se traslada a una pizzería, mientras se espera a la preparación de la vianda solicitada, eso si, previamente advertidos de la importante demanda lo que haría que la demora fuera proporcional. Parece que los tiempos no aplican a todo el mundo por igual y observamos una escena similar a la de la frutería, alguien que con incapacidad para tolerar el tiempo o el hastío o la espera, termina demostrando una educación manifiestamente mejorable y otorgándose una serie de pseudoderechos enraizados en la diferencia, difícilmente justificables.

Pues bien, son solo anécdotas, pero explican razonablemente bien lo que hoy ocurre en nuestra sociedad. Cada vez nos cuesta más esperar y diferir en el tiempo la recompensa o esperar a que llegue el producto, o que nos contesten a un mensaje… hoy todo ha de ser inmediato. Estamos en la sociedad de la inmediatez, todo lo queremos “como yo digo” y por supuesto “cuando yo lo quiero”. ¿Es esto tolerancia?, ¿Realmente pensamos que la sociedad enseña tolerancia y respeta al que piensa diferente?. No lo sé, tengo mis dudas.

Una última reflexión, mis recuerdos de la infancia de “mi Tiña”, quien tenía unas galletitas que se llaman paciencias, que repartía entre los mas pequeños con alegría, quizás hiciera falta volver a tener paciencias en nuestra vida.

 

3 thoughts on “El músculo de la Tolerancia

  1. Isabel GdA

    Muy bueno!!!!, viva la tolerancia!! Viiviriamos mejor….pero dónde está ese músculo, creo que nadie e insisto
    “NADIE” lo ha encontrado.
    ☹️☹️☹️☹️

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  2. Miriam Quintero

    Paciencias de la tiña yo tome esas galletitas de cia ella a mis primos y a mi hermano

    Pero ella las tenia en su armario pero yo era la unica que las tomaba.

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