Humanicemos la Navidad.

By | 10 diciembre, 2020

Sin duda encaramos unas Navidades diferentes, pero no por eso tendríamos porque renunciar a ellas. Claro que estas Navidades van a ser especiales. Primero, porque para más de 50.000 familias no van a poder sentar a su mesa a ese ser querido, que han perdido durante la pandemia, reabriendo la herida no cerrada del duelo. Para el resto, también van a ser diferentes, ya que seguimos en una situación de alerta de salud pública y por tanto obligados a continuar con las medidas sanitarias.

Dicho esto, no hay porque resignarse a perder también las Navidades. Partamos de la aceptación de la realidad que tenemos por delante, eso nos permitirá encontrar una celebración plena, distinta pero satisfactoria. Sin abandonar el verdadero significado de la Navidad, manteniendo la ilusión y el espíritu navideño. Tendremos que transformar la Navidad en un proceso más intimo, desde luego sin reuniones multitudinarias, pero celebraciones, al fin y al cabo. Vamos a tratar de anticiparnos y de prepararnos para lo peor, aunque esperemos lo mejor. Esta estrategia nos ayudará a gestionar nuestras ya maltrechas emociones.

Desde el mes de marzo se están haciendo muchas renuncias, que no siempre se observan en los que deberían predicar con el ejemplo. Aún así, nuestra sociedad esta dando una gran lección de civismo. A lo mejor, llegando la Navidad, es momento de pedir. De pedir medidas que permitan un margen de recuperar una cierta normalidad. Desde luego no es una buena idea lanzarnos a las calles como se hizo en verano, pero quizás si pedir un poco de racionalidad y de emocionalidad, pensando sobretodo en esos mayores que están viendo como tras meses de soledad, se acercan a unas Navidades solitarias y también en los más pequeños, que tras meses de confinamientos y grupos burbuja, ansían la Navidad como esa bocanada de aire fresco, tras meses de asfixia emocional.

Quizás algunas reflexiones puedan ayudar a tomar las mejores decisiones, ¿Por qué no en lugar de restringir las reuniones familiares, no se facilita un acceso más ágil a pruebas diagnosticas que permitan reuniones más seguras?. Se propone un límite de 6, ¿por qué no a 5 o a 7?. Seguro que las mentes pensantes han llegado a esa cifra tras sesudas reflexiones y calculo del riesgo de contagio en función de la incidencia. Es por ello, que a algunos nos sorprende que no se pueda hacer un ajuste por zonas e incidencias. ¿de verdad se tiene el mismo riesgo si mi municipio tiene una incidencia de menos de 200 casos que si tiene más de 1000 casos/100.000 habitantes?. Quizás sea un buen momento para dejar el café para todos, y pensar en las necesidades de las personas. De verdad nos va a parecer bien que una viuda que ha perdido a su marido en abril en la primera ola de la COVID, pase sola la Nochebuena. Solo nos quedaría apelar a la humanidad de nuestros dirigentes, ya que existe otro equilibrio, que salvaguarde la salud física y la emocional. Es más complejo, si, pero exigible a quienes nos llevan pidiendo renuncia tras renuncia sin un horizonte medianamente claro.

Feliz Navidad.

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