I have a dream…

By | 2 diciembre, 2014

551px-Riverside_Stompers_-_Wolfgang_Straka_2007_eSe imaginan que Martin Luther King se hubiera alzado en Washington en el verano del ´63 y hubiera dicho algo así como “Tengo un plan…” o incluso peor “Voy a hacer…”. Lo que consiguió fue contactar con las emociones de los que allí le escuchaban, no aludió a la lógica, no expuso una argumentación con datos aplastantes, “tan solo” contactó con el cerebro emocional. Pues esto es lo que ocurre sistemáticamente cuando al tratar de comunicar se olvidan de algunas premisas básicas. En este sentido tenemos que entender que la comunicación es fundamentalmente emocional.

Hay un dicho que dice que las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra. Se pueden utilizar unas palabras bien enunciadas y con un sentido apabullante, pero si éstas no se acompañan de una acción o mejor de una emoción y de la intensidad que merecen, serán sólo palabras que han de ser llevadas por el viento. Desde bien pequeños somos conscientes que la parte no verbal de la comunicación es la parte fundamental de la misma, incluso antes de comprender el lenguaje somos capaces de identificar el sentido de la  comunicación de nuestra madre. También de adultos y cuando no entendemos el idioma de nuestro interlocutor lo no verbal nos permite comprender el trasfondo y sentido del mensaje.

Llama poderosamente la atención que algunos grandes comunicadores de nuestro tiempo, o cuanto menos que deberían serlo, cuando comunican en público o dictan discursos, parecen obviar algunas de estas ideas. La comunicación tiene un centro, un corazón y como el corazón es el centro de las emociones. Si se consigue contactar con las emociones, se será capaz de contactar con los interlocutores. Una segunda capa concéntrica que es la lógica o la razón del discurso, sería el porqué hacemos lo que hacemos. Y por fuera, lo que podríamos denominar el sobrenadante de la comunicación, lo que sería la narrativa de las acciones, lo que se hace o se piensa, lo más común de la comunicación. Sería la comunicación habitual, entendida como un intercambio de experiencias.

Cuando se organiza un discurso o se pretende comunicar algo importante, se debería empezar con la acción, para luego explicar su racional y acabar enlazando con la emoción. Desconfiemos de los “vendedores de coches usados” que tan sólo se mueven en lo emocional, y no son capaces de explicar el ¿por qué? y mucho menos el ¿cómo?. En el otro extremo tenemos a las “abuelas cargantes” que narran historias de terceros de manera incesante. En el medio, estaría la mayoría, son capaces de contar la acción y su explicación. Avanzar y llegar a la emoción, no está al alcance de cualquiera.

Dominar ese tipo de parámetros es fundamental en el arte de comunicar, los grandes discursos que han dejado marca en la conciencia de la humanidad, ha sido por la emoción que trasmitían. Recordemos a Martin Luther King, y su “I have a dream” …. Soñar es gratis, ¿por qué no intentar que nuestros interlocutores sueñen con nosotros?.

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