De la intolerancia al hastío a sus consecuencias.

By | 20 noviembre, 2021

Ya no sabemos aburrirnos, estamos perdiendo la capacidad de entretenernos con las cosas sencillas de la vida. La constante presencia de la tecnología en nuestras vidas las acelera, hiperestimula y sobreexpone a datos innecesarios, al tiempo que limita el desarrollo de habilidades como la memoria, orientación y hasta las habilidades sociales.  Si hubo un tiempo de tu vida, donde creciste sin tecnología, ni tan mal, pero que ocurre con las generaciones actuales que han nacido con una tableta debajo del brazo.

Si ya de por si en la adolescencia necesitamos de refuerzos frecuentes y preferentemente inmediatos, esto hace de sus cerebros una presa fácil para los dispositivos móviles y las redes sociales. Mentes privilegiadas, conocedoras de los pormenores de estas tecnologías y sus algoritmos, evitan que sus hijos crezcan rodeados de pantallas. Rememorando prácticas de los narcotraficantes y el consumo de drogas, tenemos a los magnates de internet con el consumo de la tecnología. Desde luego da que pensar. Pero es que además la neurociencia nos esta avisando del impacto de un uso excesivo de la tecnología sobre nuestra plasticidad cerebral.

En la naturaleza y por supuesto también en nuestros cerebros, pero sobretodo en los de tus hijos, pesa mucho el concepto “use it or lose it”, lo que no usamos, lo perdemos. Nuestro cerebro no es capaz de discriminar lo que es realmente bueno para nosotros, eso nos lo deja a nuestro criterio y se limita a potenciar aquello que “alimentamos”. Prueba a dejar unos meses uno de tus brazos sin moverlo, pues el cerebro también pierde funcionalidades cuando no lo estimulamos.

Y desde luego, cuando pensamos en esos adolescentes que pasean por las calles de sus ciudades con la mirada fija en una pantalla, que se sientan en el parque sin levantar la mirada de sus dispositivos, que consultan en su buscador habitual cualquier mísero bit de información que necesitan. Yo me pregunto, ¿en que momento paran y piensan?, ¿cuándo se aburren y permiten que su cerebro se tome su tiempo para ordenarse?. Y no, ya se que dicen que se aburren, pero lo dicen a pesar de estar consumiendo contenidos digitales, mientras expresan esa queja.

En todo paso de la infancia a la adultez, es decir adolescencia, habrá un momento de pérdida de referencias, de no identificación de la propia persona, de repensar sobre la propia existencia. Un momento fantástico para buscar refugio en uno mismo y tratar de comprenderse. Un tiempo único para encontrar en un libro el sosiego de la reflexión y la calma de la fantasía. En lugar de eso, tienen “stories” de 30 segundos en los que se presenta un mundo irreal, plagado de filtros.

Pero claro, que podemos esperar cuando la edad media para tener un dispositivo es de 9 años. Y sino antes, ya se está alimentando los cerebritos de los más pequeños con estímulos de alta intensidad, llenos de luz, colores, sonidos y movimiento, es decir  videojuegos.

¿Recuerdas lo importante que era aburrirse?, la cantidad de cosas interesantes que surgieron de las tardes de hastío, los problemas que has resuelto cuando por fin has conseguido parar un momento. No pierdas esos momentos y ayuda al adolescente que tengas cerca, a que encuentre esos tiempos consigo mismo, son vitales para un crecimiento emocional saludable.

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