LIDERAZGO EMOCIONAL

By | 3 noviembre, 2014

father-413480__180

Nunca se han preguntado, ¿por qué a una persona amable se le agria el carácter cuando le hacen Jefe?, y cuanto más Jefe, peor carácter.  Parece que existiera una norma no escrita en que un buen Directivo ha de ser una persona arisca y fría con sus subordinados. ¿Qué relación hay entre la frialdad y la eficiencia?. Intuyo que ninguna en lo referente a la gestión de personas, aunque con matices en las decisiones materiales.

Hablando precisamente de esto con un Directivo hace un tiempo, su explicación se basaba en que lo emocional no le permitía tomar decisiones serenas. A lo que no faltaba razón. El problema está en que somos seres emocionales, nos guste o no. Emociones positivas o negativas. Seremos más o menos conscientes de nuestras emociones, pero en definitiva las emociones forman parte de nuestro ser, y no podemos eliminarlas. Podremos tratar de “engañarnos” a nosotros mismos pensando en que una apariencia fría, significa no sentir y nos permite tomar mejores decisiones, pero eso no es cierto.

Trabajar con familias y trabajar con directivos, y lo más importante, trabajar con las familias de los directivos, nos ha permitido aprender que el liderazgo más que tenerlo, se ejerce. Y que una misma persona, puede manejar un amplio abanico de recursos y competencias relacionadas con el liderazgo y debe poder hacerlo en diferentes contextos. Entonces ¿por qué en ocasiones grandes líderes en su trabajo, no lo son tanto en sus casas?. La respuesta fácil sería por la falta de tiempo, pero es una respuesta parcial o lo que es lo mismo, una idea errónea. Es más bien una actitud equivocada.

Si trato de “contener” mis emociones durante mi jornada laboral, porque así creo que soy “mejor Jefe”, cuando llego a casa y cambio mi actitud o rol, esas emociones están ahí, esperando a salir, y “vaya si salen”, afectando a mi forma de ser un verdadero líder.

Nuestra propuesta, pasa por tratar de comprender primero y canalizar después, las emociones de manera adecuada y no tratar de contenerlas sin comprenderlas, en definitiva trabajar una conciencia emocional. El verdadero líder lo puede ser en cualquier ámbito, mejor dicho lo debe ser en cualquier ámbito de su vida. Un líder será capaz de motivar a su equipo para movilizarlos hacia un cambio alineado con sus objetivos. Y también, debe ser capaz poder motivar a su hijo en la línea de favorecer un desarrollo armónico, alineado con el que debe ser su principal objetivo; que sea feliz. Estos planteamientos no son tan diferentes, en realidad son acciones que se retroalimentan y bien gestionadas se pueden ayudar mutuamente y ayudar a construir un líder más pleno y equilibrado.

Estaremos de acuerdo en que un objetivo importante en la vida es conseguir que nuestras familias sean felices. La cuestión sería entonces, ¿se puede plantear como objetivo que nuestros colaboradores sean felices?, ¿se puede ser feliz y eficiente?. Cada vez hay más estudios y reflexiones que confirman que es así. Clave en este sentido ha sido el concepto Flow, que hoy debería ser de obligado conocimiento en todo alto Directivo. Ya hay algunas escuelas de negocios que empiezan a incluirlo en sus programas, pero pasará tiempo hasta que realmente penetre en las organizaciones.

Cuanto más feliz es uno es su trabajo más eficiente puede llegar a ser. Y eso también se contagia a otros espacios de la vida como el personal y el familiar y, como decíamos antes, se retroalimentan. Aplica la teoría de los vasos comunicantes, es decir que todos nuestros aspectos vitales tienen un nexo de unión, que somos nosotros mismos.

Todo cambio nace con una nueva actitud; mejorar la comprensión de nuestras emociones, ganar en competencias emocionales, muy útiles para liderar equipos, imprescindibles para liderar nuestra familia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *