¿Quién nos va a cuidar?

By | 5 noviembre, 2022

A nadie se le escapa, o se le debería escapar, que nuestro sistema sanitario está en crisis. La reciente pandemia ha tensionado las costuras del modelo, hasta el punto de que se le han quedado expuestas sus vergüenzas. Y todo partiría de un pecado original, una ausencia de un modelo sostenible y una visión estratégica de mismo. Reformas cortoplacistas, una manifiestamente mejorable política de recursos humanos, con un deterioro progresivo del nivel adquisitivo y reconocimiento social de los médicos, una trasferencia de competencias sin criterios técnicos y poblacionales que ha generado desajustes en la atención. En un mundo cada vez más global, nos estamos transformando en unos auténticos pueblerinos.

Pero claro, qué podemos esperar de un sistema que, en los últimos 40 años, ha tenido ¡21 ministros de Sanidad!, si haciendo cálculos simples han estado menos de 2 años por mandato. ¿Qué se puede hacer en Sanidad en ciclos tan cortos?, efectivamente.  Y con perfiles profesionales de lo más variopintos, donde brillan por su ausencia trayectorias profesionales solventes antes de llegar al puesto de ministro de Sanidad.  Incluso más sorprendente es observar cómo en poco más de una década ha cambiado de competencias y denominación, el antiguo Ministerio de Sanidad y Consumo, paso a ser el Ministerio de Sanidad y Política Social, para luego convertirse en el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, no contentos con ello se redefinió como Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, y al poco cambiar al Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, para luego volver a ser Ministerio de Sanidad. Pero claro, detrás de estos cambios no ha habido una reflexión del modelo, simplemente adaptaciones cortoplacistas.

En paralelo, tenemos los programas formativos, que está haciendo del acceso a las facultades de medicina una tarea hercúlea, con notas de corte de acceso de 13,5 sobre 14 (vamos un 9,65 sobre el 10 de toda la vida). Donde se piden unos conocimientos y notas espectaculares, pero no se evalúan la vocación, ni otras habilidades tan o más necesarias que unas notas excelentes. Sin tomar en consideración aspectos más vocacionales, encontramos una transformación de la profesión empujada por las generaciones más jóvenes, que ya no se muestras dispuestas a infinitas jornadas de trabajo, por un salario bajo y están exigiendo un salario a acorde al esfuerzo y si no, ofrecen un esfuerzo acorde al salario. Cuando nuestro modelo ha funcionado a base de buenos profesionales, mal pagados, pero ciegos de vocación. Ahora, los mismos profesionales están abriendo los ojos y se mueven sin ningún recelo, a otros mercados donde su retribución y reconocimiento es significativamente mejor.

Y si, marco también el punto del reconocimiento, donde hemos pasado de los aplausos de la pandemia, a las quejas y maltrato de siempre. Por cierto, los aplausos no nos han gustado a la mayoría de los profesionales sanitarios, que sabíamos que era una cortina de humo sin más.

Esta ausencia de una visión estratégica de la sanidad nos sitúa ante un precipicio y sin nadie aparentemente en el volante. Un cambio de modelo, que nos ha pillado sin un plan director, ni una estrategia que permita definir que sanidad esperamos tener en la próxima década, saliendo de una pandemia con los recursos humanos exhaustos y muchas veces quemados, que ha desolado nuestra Atención Primaria. Tenemos un buen programa de formación de médicos especialistas, pero que no ha previsto las necesidades reales, ni los flujos migratorios de jóvenes profesionales que estamos viendo. Una transformación digital dependiente de motivaciones individuales, mal financiada y con incontables resistencias al emprendimiento.

Un dato para la reflexión, en el próximo lustro se van a jubilar 40.614 médicos, mientras que terminarán su formación MIR 42.902. Hasta ahí todo parece cuadrar, pero se calcula que un 3,5% no van a terminar su periodo de residencia y según datos del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos se ha tramitado en los últimos cinco años más de 17.000 certificados profesionales de idoneidad para ejercer fuera de España. Ahora vemos que las cuentas ya no salen. Y eso suponiendo que solo pensamos en tasas de recambio y nada de crecimiento en plantillas por supuesto. La conclusión es clara ¡faltan médicos!, y enfermeras, fisioterapeutas,… también.

No quiero parecer pesimista, pero si llamar la atención sobre el imprescindible espacio de debate y reflexión que necesitamos, para fijar una estrategia estable del modelo sanitario que queremos y necesitamos. En nuestro entorno ya están buscando modelos diferentes, con perfiles más técnicos y menos políticos, lo que permitiría una transformación adaptada a las necesidades presentes y futuras. Sin estrategia no hay solución y sin una solución nuestro futuro sanitario, pinta gris. #cuidadetumédico 

 

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