¿Sabemos hacia donde vamos?

By | 21 mayo, 2017

En un mundo cambiante ciertos paradigmas pueden y deben ser revaluados. Cuando todo lo pasado esta sujeto a evaluación, es IMG_7266llamativo que asumamos todo lo nuevo como intrínsecamente bueno, pero ¿es así?.  La tecnología esta cada vez mas presente en nuestras vidas genera ayudas y apoyos para la realización de tareas, que en un muy breve espacio de tiempo, han pasado de la solución analógica y a veces trabajosa, a la inmediatez de la solución digital. Si lo pensamos un momento, aquellos que conocen lo que era un teléfono de góndola, memorizaban largas listas de teléfonos y ¿ahora?, ¿cuántos números de teléfono se sabe?. No es el hecho en si lo relevante, sino el impacto en el desarrollo de la capacidad de la memoria numérica, tan útil y necesaria en tantos aspectos de la vida. Pensemos también en la capacidad de orientación, hoy cada teléfono “inteligente” es un GPS, con lo que no hace falta desarrollar la habilidad para orientarnos en el espacio. Hubo un tiempo en que los mapas eran en papel, y eso exigía un cierto esfuerzo para la comprensión y por ende para la orientación, esfuerzo que llevaba como consecuencia la mejora de ciertas habilidades.

Mas preocupante es el desarrollo, o mejor dicho, el no desarrollo de las habilidades sociales, aquellas que son necesarias para una correcta interacción con los demás. Con el impacto de las redes sociales en nuestra manera de relacionarnos, se minimiza la necesidad de tener que usar estas habilidades, como por ejemplo el comprender las emociones del otro, lo que se conoce como empatía, salvo que pensemos que los “emoticonos” pueden ser una alternativa, lo que no deja de ser un broma de mal gusto. Las redes sociales, aparentemente, nos facilitan la interacción con los demás, aunque lo hacen en un plano muy diferente mas frívolo y superficial, donde prima la cantidad en lugar de la calidad.

abretubocainicio-2Hay una máxima en la naturaleza que dicta, que todo aquello que no se usa, tiende a atrofiarse y por el contrario, se tiende a potenciar aquello que utilizamos de manera recurrente. Pues bien, tras ponerse en situación, y una vez que ha reflexionado sobre el impacto que su teléfono inteligente está teniendo en las habilidades que tenía, piense en sus hijos o los hijos de su vecino, los que están en edad de tener que desarrollar estas habilidades, y muchas otras. No estamos entonces hablando de perder habilidades, sino de no desarrollarlas o hacerlo de manera deficitaria.

Recientemente Sherry Turkle, del Massachusset Institute of Technology, publicaba su libro “En defensa de la conversación”, otra llamada de atención sobre el escaso conocimiento del impacto real que las nuevas tecnologías tienen en nuestra vida, pero sobretodo tendrán en las siguientes generaciones, una transformación que esta ahí, que sin duda tiene aspectos positivos, pero que merece la pena parar y pensar, sobre lo que estamos haciendo, como lo estamos realizando y a donde nos esta llevando, no sea que no nos guste el destino que nos espera.

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